1.- A crear una nueva alternativa popular

La próxima elección presidencial será sin dudas la más enredada desde el reparto de fuerzas originario en el plebiscito del sí y el no. Sin el viejo pudor que la caracterizara, nuestra clase política muestra en distintas imágenes –amplificadas por las cámaras de televisión y los programas de farándula- un sin fin de negociaciones, quiebres y reacomodos; lealtades políticas formadas en décadas se deshacen, el frío cálculo de intereses se impone frente a los discursos añejos y desgastados.

Nunca habíamos estado frente a un espectáculo tan descarnado. Porque en estos 30 años de transición ha habido de todo: boinazos, dictadores presos y libres, movilizaciones masivas de jóvenes que supuestamente no estaban ni ahí, escándalos de corrupción y hasta casos de excesivo amor por los niños. Sin embargo, al final del día, los viejos discursos se ordenaban y las fuerzas se alineaban de la misma manera en que lo venían haciendo desde aquel fundacional hito del 88: una derecha cuadrada y conducida por la élite conservadora, una Concertación ordenada detrás de la gobernabilidad, y una izquierda que, por más que intentara proyectarse, estaba orillada en la marginalidad política. Arriba, en el palco de la sociedad chilena, celebraba con un acostumbrado bajo perfil la clase empresarial más rica de toda la historia republicana del país. Detalles más, detalles menos, ese es el Chile de los últimos 30 años.

Sin embargo, hoy ese orden parece puesto en jaque. No por una gran alternativa política nueva, no por un caudillo o liderazgo de nuevo tipo, sino más bien por su propia descomposición interna…

2.- La organización popular