La SurDA frente a las elecciones 2009

Desde finales de la década de los noventa, la SurDA ha planteado en distintos escenarios – políticos y sociales - el lento desgaste del pacto de la transición y la necesidad de iniciar un nuevo ciclo de luchas políticas que sea capaz de alterar las actuales condiciones de la democracia chilena cuyo carácter antipopular excluye a grandes mayorías del país.

No se trata como se sabe de una crisis abierta, ni de representación, ni mucho menos de Estado, sino de reacomodos de poder de aquellas fuerzas políticas concertacionistas que se sentían incómodas por los equilibrios espurios que se mantenían hasta entonces.

Desde hace varios años, nuestro planteamiento y práctica ha sido consistente con tal horizonte. A principios del 2009, la SurDA convocó a la articulación de un esfuerzo amplio de construcción que fuera capaz de articular fuerzas de la denominada “izquierda social”, la izquierda tradicional y sectores que participaron históricamente en la Concertación y que hoy se sienten fuera de ella.

Sabíamos desde el principio las dificultades que significaba la articulación de culturas e intereses políticos tan disímiles. Pero la necesidad de fundar un proyecto que sea capaz de agudizar el desgaste del pacto de la transición, al alero de la reconstitución política de fuerza social organizada, e inicie un lento proceso de luchas en la política chilena sigue siendo para nosotros condición sine qua non de la posibilidad de cambio del carácter antipopular de la democracia nacional.

Sin embargo este esfuerzo reciente no fue suficiente.

La candidatura de Arrate se fue desdibujando a tal nivel que se terminó imponiendo la tesis de la incorporación pactada a la Concertación y el gobierno. Mientras el PC prefirió levantar el eje de la inclusión política de alguna de sus conducciones a nivel individual; el propio candidato rehuyó – a pesar de nuestro planteamiento- enfrentar directamente a la elite concertacionista, y terminó cumpliendo el papel de un correcto “Ministro de Frei”.

Por otro lado, la irrupción mediática de Marco Enríquez Ominami - quién también fue parte de nuestro esfuerzo inicial de construcción- y su contradictorio apoyo de sectores de derecha, centro e izquierda, ha logrado concitar el apoyo electoral de sectores medios frustrados por la excesiva concentración de la riqueza avalada por años por la elite concertacionista. Ahora bien, dicha irrupción carente de toda capacidad de articulación de fuerzas sociales ha finalmente orquestado – dentro de su conducción política- una serie de aspiraciones oportunistas que apelan a nuevas formas de reincorporación pactada a la nueva alianza de gobierno, que lejos de acelerar el ciclo de agotamiento de la Concertación, buscan explícitamente su reconstitución.

En este escenario, nuestra convocatoria original ha perdido sentido y con ello nuestra participación en la candidatura de Arrate. Hoy los esfuerzos de la izquierda no tienen ninguna capacidad de alterar el actual escenario político electoral. La tendencia general apunta más bien a replicar la política de carreras individuales de incorporación, peleas por cupos de poder o de representación espuria, que no ha sabido leer el escenario que enfrenta la construcción de una política para las grandes mayorías en el Chile actual.

Creemos que en estas condiciones es poco lo que se puede hacer en la actual coyuntura.

Lo cual no significa ni renunciar a nuestra vocación originaria de construir una fuerza de izquierda moderna ni tampoco a trabajar con otros grupos que, al calor de un nuevo ciclo de luchas y la reconstitución política de fuerza social fruto de la modernización precaria que se impone en nuestro país, seamos capaces de redefinir las actuales condiciones de lucha de la política y la democracia chilena.

Nuestro compromiso está con este esfuerzo y nuestra disposición de trabajo con aquellos grupos que también lo estén.

Con la Esperanza Intacta,

SurDa

Diciembre 2009